... y como dijera Borges: a por la sombra de haber sido un desdichado

extínguete...

entre gritos de silencio, pero extínguete...

a ti te dedico el alfa y el omega de todas mis golgotas nocturnas...


He de sobrevivir a todo, aunque el hecho de morir en tus labios silentes, en tu mirada que no mira, en tu alma que no ama... me atrae más, quizá más que toda esta soledad. No importa: la arrogancia revertirá...
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La dispersión

lunes, 29 de noviembre de 2021

0 lanza en mi costado  

 El modo, curiosamente, más propio de la diseminación es la dispersión: el procedimiento por el cual, la semilla se lanza aleatoriamente al piso, unas lejos de otra, esperando, por supuesto, que echen raíces y que se terminen amistando entre sí, a medida de que crezcan. El estado de dispersión, es un estado en el cual toda acción se sucede de la otra, todo pensamiento o idea se sucede del otro, sin lograr echar raíz. Un pensamiento que se sigue uno de otro, pero procediendo por partes o destellos, nunca por razones constitutivas: las acciones, pensamientos e ideas, se suceden en su heterogeneidad en una continuidad diluida en largos espacios de tiempo; se toman, se abandonan, se retoman y se unen a otras, totalmente por azar, sin poder seguir un propio cause. Transforma el proceso de (sobre)vivir en un mero experimentar, en un mero tanteo por distintas cosas, experiencias, personas. La tarea de alimentarse o de crecer, la de pensar sobre todo, se vuelve particularmente difícil, los estímulos se sobreponen unos a otros de una manera que la voluntad se desactiva de su fuerza originaria. Todo querer procede en una sucesión de medios, que a su vez, llevan a otros medios, mientras también, se piensa en fines, en esperanzas o en recuerdos, que se suceden indistintamente hasta el colapso. La concentración, la nostalgia de la concentración mejor sea dicho, la capacidad de focalizar toda subjetividad en una acción, vuelve la dispersión un modo de evitar la quietud del sufrimiento, la paciencia y el silencio de quién llora. Sufrir desconcentrado es agobiante, es vivir constantemente en una irresolución, vivir constantemente en una densidad que no eres capaz de explorar, aunque la tematices y la elabores, no estás nunca en ella, por más que no puedas salir de ahí. Las cosas alrededor pierden constantemente su significado, las prácticas y las costumbres proceden sin ninguna intensidad, el mecanicismo de la acción prevalece sobre cualquier reflexión. Hay un rehuir lo profundo, un serlo todo menos el abismo, un estar completamente en la indeterminación de los hechos, de las vidas y de los placeres, que te esclavizan de manera sonriente, de manera atrapante y solidaria. En la dispersión ninguna determinación, ninguna crueldad es posible. Solo queda el solidario comportamiento errático, donde la persecusión de la benevolencia con el super-yo se sobrepone a la capacidad de determinación de la vida. Es la manera más práctica en que el super-yo y la pulsión de muerte se reunen en una alianza tan ruidosa, activa, incierta. A cada satisfacción le sigue un sentimiento de nulidad, a cada pensamiento, una terrible evasión. A cada sentimiento, una acción inútil. Las palabras ya no expresan, es difícil describir la dispersión misma, o más bien, cada palabra la grita como un chirrido interno que no puede parar, que no deja de estar allí contigo, que no deja tampoco de resolverse, de desenredarse, de complicarse contigo hasta reemplazarte. No hay un yo en la dispersión, solo está lo que circunda, gritándote por ser, por hacerte, por derruirte. La solidaridad de las cosas...

Una vida desnuda interrumpida. Verdades Nocturnas

domingo, 28 de diciembre de 2014

Plantear una verdad nocturna, habla ya siempre de algo que no se deja acontecer. Aquello, que aún aconteciendo, que aún irrumpiendo el curso de lo diurno, del orden, de lo 'decible', más que hacerse meramente indecible, se resiste a volverse un acontecimiento, pues siempre detrás de la noche hay resabios de lo irrealizado, de lo que no logra tener lugar, del tiempo que falta, de la predominancia de 'lo que resta', por sobre 'lo que hay'. Así, en medio de una noche, aconteció que fui tomado por el deseo de otra... sin embargo, este deseo jamás fue otorgado, jamás logró a ser. Todo lo que permitía el contexto, todo lo que hacía el contexto era tensionado entre un resistirse tanto al acontecimiento de un amor nocturno, pero también, de la no realización de un amor nocturno. La noche misma, como contexto de lo imposible, fue lo único que se dejó acontecer. La imposibilidad tanto de huir, como de quedarse allí, sumados a la de al menos dudar qué hacer o qué ocurrirá. La noche misma, como momento de lo imposible deja al acontecimiento vivir. No es que no pase nada, que nada ocurra; a la vez, tampoco es que haya irrumpido el completo orden de las cosas una noche como esa, tan sólo ni se deja ocurrir, ni permanece inoperante: la verdad nocturna es entonces una potencia operante. Ni se deja ver en la actualidad, ni tampoco deja de ser por lo que resta de desarrollo e interrupción de la vida (y de las otras interrupciones).
La interrupción de la interrupción es la verdad nocturna, que ni muestra ocultándose, ni se oculta mostrándose: permanece operando desde un interior desdicho, desde un interior que no es interior, desde un interior que en tensión con lo externo, ni se vuelve completamente ante él, ni se vuelve sobre sí mismo: la totalidad de la experiencia nocturna refiere a la sustancialidad de lo diferente, de lo que no puede ni ser sustancia, ni dejar de permanecer dentro de la realidad nocturna. La realización de esa realidad, el movimiento de desenvolvimiento que está por venir de esa materia de interrupciones, de esa negatividad impura, es el cómo, la venida, nunca presente de la verdad nocturna.
Si algo hay dentro de la impura vida de lo múltiple y de lo diverso, es la disolución constante que vive desde la experiencia de lo nocturno: cada palabra se vuelven sonidos inarticulados, discontinuidades ebrias, eróticas constancias de lo que resiste la palabra. La expresión de la verdad nocturna, en su pura vivencia, es la interrupción de una interrupción de la interrupción. La verdad nocturna se deja interrumpir hasta el infinito: la conversación jamás puede finalizar, los remitentes de cada signo intercambian posiciones, énfasis, afectos: puedes decir dos veces lo mismo y dices algo diferente. Esto, sin un 'querer decir': las intenciones en lo más portentoso de la noche, no existen: ni por impulso, ni sin impulso, ni con impulso, ni con razón, ni sin razón, ni por razón, ni con disposición, ni sin disposición, ni por disposición, ni conscientemente, ni inconscientemente: la interrupción reverberante e indefinida de la noche no permiten categoría que no se desdiga, no dicen nada que no pueda desdecirse, pero que a la vez, no da posibilidad de retroceso: lo que sucede de noche, siendo diferente de lo que sucede de día, por el día permanece en los sentidos. No sucede nada, en realidad, más que esa interrupción.
Hay una cierta inocencia en la noche, y es esa misma inocencia la que aflora el sentimiento más doloroso de la culpa: somos culpables de, siendo inocentes, achacarnos las culpas. Somos inocentes de, siendo culpables, vivir una inocencia. Una vida desnuda, sin forma, negativa, operante, alterada, recorre la noche, ni somos víctimas de esa vida desnuda, pero tampoco dejamos de dejar que esa vida desnuda nos ataque.

Si no tengo amor, nada soy.

miércoles, 9 de julio de 2014

El corazón que late a la rastra, la penuria de despertar, aunque no sea por la mañana, el sentimiento de que está todo pendiente, de que esperas sin cesar algo que sabes que no vendrá. Esperas algo que no esperas, vale decir, sales del esperar consciente, esperas sin cesar, sin querer admitirlo, sin querer quererlo, sin querer esperar. Espero ahora, la total indeterminación. Y la total indeterminación es un ente ausente, totalmente fuera del rango de la relación. No hay relación actual con ese ente que llamo Alexandra. Aun así, puedo -aún ahora- despertar con su ausencia en mi cuerpo, tambaleante, lamentado, triste, debilitado. Estoy débil. Soy débil, cuando me relaciono con esa ausencia, y es que esa ausencia me sacó de mí. Asumí un papel que no era el mío, y aun no me he depurado totalmente de ese papel. A ratos se hace infinito, no puedo pararlo, contenerlo, ese velo de falsa moralidad, ese deseo de lo materno, esa mirada en el amor, la cercanía de los cuerpos, la sensación de mantenerse en un continuo tiempo en completa comunicación con alguien que quiere hablarte de ella. No tengo a alguien que quiera hablar conmigo ahora, he decidido, finalmente, quedarme solo. Busco una panacea universal para mi soledad, pero no la encuentro: aun estoy solo de ella, mejor dicho que de ella, de Ella. Porque ella no es Ella, pero Ella es ella. Vale decir, Alexandra no es tan sólo ella misma, su cuerpo de figura agradable, desprovista de puntas, de aristas, de planos, un cuerpo que no era solo curva, porque no era la curva lo que vivía allí, era el agrado de lo suave, de la piel que podía tocarse y vivirse, que era parte de la propia piel... y que ahora se ha despedido, que elegí yo mismo no volver a tocar. El fenómeno de la renuncia y la resignación aun no llegan a mí, con toda la felicidad que poseen. Aún vivo en un cierto anhelo de posesión, de tener alguien, de contar con alguien, de vivir de alguien. Necesito, por eso no puedo amar. Pero mal que mal, elegí estar solo, y de estar solo, ahora soy solo. Ser solo, quiere decir, ser único. Estar totalmente cerrado a la conversión, a la conversación. Vale decir, no quiero volverme otro, no me he vuelto hacia otro, no ha habido otra, realmente, hace mucho. No hay forma de relacionarme con lo que tengo de único, tampoco, por eso mismo: porque no he donado lo que en mí yace, como permanencia.
Cuando el yo se detiene, no puede donar nada de sí. No puedo apropiarme de mí mismo, si no es cediéndome: no hay nada en quien no da nada. "Si no tengo amor, nada soy", como dicen los cristianos. Pero a la vez, si tengo amor, nada soy. Si amo, cedo todo lo que soy, para no volverme a mí mismo, para jamás tener tiempo de mí, para mí, conmigo. El yo desaparece en el amor, en el sexo, en la entrega constante. La disolución de lo idéntico acontece en la conversión, en la conversación. Y es que tampoco he conversado hace mucho. No he entregado nada de mí. No quiero nada, la la vez que no soy nada. Estoy completamente desunido del mundo, no tengo nada que entregar, no tengo nada que ser, no hay proyecto. Ese es el problema, en una situación así, no hay más futuro que el seguir en el recuerdo y el anhelo infinito de lo completamente inasible, y que a la vez, se vuelve ineludible. Ahora toda palabra se vuelve nada, todo se escucha, pero nada se recuerda, no hay nada asible, nada con que llenar ese vacío infinito. Y no es que el vacío de la proximidad corporal y la suavidad de la piel sean reemplazables, sino que simplemente, quiero otro momento de maravilla, de satisfacción, de plenitud temporal, y no la he buscado. Tiempo atrás, logré satisfacerme con la conversación. Conversación que es conversión. Pero no, no ha habido tal. El deseo ya ha perdido su horizonte. No hay más que re-volver-se en el movimiento del ser que es el escepticismo. No sería malo encontrar esa epokhé. Pero ya no es posible vivir así. El cuerpo mismo no puede hacerlo.

Anestesia e incapacidad

viernes, 13 de junio de 2014

La incapacidad de la anestesia radica en el exceso de adrenalina, en el nervio que se niega a relajarse, en el nervio que se niega a no-seguir-sintiendo. La incapacidad de la anestesia tiene que ver con esa poderosa fuerza del cuerpo, en la persistencia del sentir, como una realidad pura. El cuerpo se niega a dejar su sentir, hace que toda insensibilidad le parezca extraña, imposible, exógena. El poderoso influjo de la técnica no puede, a ratos, contra esa posibilidad radical del cuerpo a seguir sintiendo, a negarse la anestesia, a seguir en el despertar, en el sentimiento, la duda, el tragar, el sentir la propia lengua... ¿Por qué va a ser tan necesario sentir la propia lengua? La sensación de tragarse la propia lengua, es lo que sucede en un momento en el que el cuerpo se dispone a aceptar la anestesia, la transpiración fría, el jadeo, la mirada moviéndose por todas partes, la fobia a todo, la impenetrabilidad del cuerpo, el rechazo a toda materia formada en la técnica, el sentir la pesadez del cuerpo dispuesto allí, sobre el todo de lo aséptico, lo desinfectado, la luminosidad de la técnica, interminable, absoluta, total, mística, aparente explicación de carácter holista al sistema de la extracción de cuerpos, de partes del cuerpo, de la diferencia misma. Todo cuerpo es una diferencia. Mi cuerpo es diferencia, es inter-posición, discontinuidad e irrupción del resto del conjunto de los entes materiales. El sentir, constituye esa resistencia del cuerpo a ser llamado un continuo del resto de los entes-a-la-mano del mundo, donde se pueda disponer circunspectivamente de ellos, como una materia continua. Esto vale tanto para la violación, como para la negación a la anestesia. Lo que surge de la incapacidad de la anestesia es el fenómeno de la resistencia, la contención de la materialidad misma del cuerpo, a volverse una materia continua del resto de lo ente. Es la resistencia de lo vivo a volverse parte de lo inerte, lo que nos llama -una vez más-, a hacer la distinción entre lo biológico y lo físico.
A su vez, por otra parte, el cuerpo se muestra como una realidad vivida, desde la experiencia misma de ese vivir, sinti-ente, redoblado en su corporalidad resistente, alterna, contradicha, superpuesta.
...Aunque, volviendo a la lengua dormida: ¿Qué se ha de considerar traumático de esta experiencia? Lo traumático de que la lengua se duerma, es, claro, la idea de que la lengua se pueda tragar, de que de la resistencia del cuerpo a lo exógeno, se muestre también resistente a su propio cuerpo, y en un afán de autoexterminio se vuelva contra sí y se aniquile. La aniquilación de sí, por medio de la lengua, es una temática ya explorada ampliamente, vale tan sólo mencionar en el Quijote esa reflexión acerca de si la espada o la pluma era más poderosa. La escritura o la violencia. La palabra o la muerte. La cuestión de la lengua anestesiada, en cuanto experiencia desesperante, se debe a que la muerte temporal de la lengua, la mortificación regional del cuerpo, en la lengua, manifiesta la fantasía de la muerte de la palabra, con ello, también de la escritura, del lenguaje. La lengua y el lenguaje, son uno de los últimos avatares de esperanza en la época contemporánea, en el que la metáfora trata de alejarse, de retirarse, en sus trazos. La metáfora y la anestésica de la lengua, son formas vivas del desenlace paroxista de la historia de la metafísica. La lengua, ya no sintiente, ya no ente, ya no-ente. La lengua deshacida, desprovista de todo lo ente, la lengua, vuelta hacia el ser, se muestra desde su anhelo de destruktio como un abrirse paso, en el cuerpo y negar toda posibilidad de retiradas del sentir. La cuestión del cuerpo, como texto, el cuerpo como escritura, como resistencia viviente, vivida, orgánica de palabra, de malestar, de intuición, de ék-stasis.

espacios de violencia

jueves, 7 de noviembre de 2013

Hoy, vi en las cercanías de la universidad, afuera del bar entrelatas, una vez más, una escena de golpes, amenazas, persecuciones... evidentemente, parecía no ser una situación muy compleja, más bien pasajera, efímera, cotidiana. Lo que quería remarcar, es que además de esa consciencia de lo cotidiano de esa violencia no tan preocupante, se me apareció como horrorosa, me llenó de amargura, me exaltó, me hizo sentir triste, me afectó hasta el paroxismo... era obvio, me atraía a la cabeza esa violencia que asociaba con el amor, esa violencia que empapó de lágrimas el pesar de mi historia con la innombrable. En esa misma altura de la Alameda yo había sido golpeado por la pasión de un amante. La sola visión de la violencia, en un espacio cercano a ese, me afectaba demasiado, me llenaba de amargura y venían a mi mente todas esas ideas (que hace tiempo estaban ausentes) acerca de la nulidad o la estupidez de la violencia. Para mí, ya hace tiempo, la violencia se acercaba a ser una instancia creadora de sentido indispensable... y así veía la debilidad yacida en mí, la fuerza que en mí se ha apagado, el vacío de sentido al que pertenezco. La violencia, siempre va de la mano con el sentido, con el sentir. Se lucha por aquello que vale la pena, se lucha, se agrede, se abusa, se tortura a veces también, en pos de algo, de un objeto que constituye sentido, de una idea, en mi caso, de un sujeto. Para mí la violencia era la única forma de reivindicar una dignidad que veía sobrepasada por un otro que abusaba y al cual no podía acceder a través del lenguaje (aunque lo intenté...)
Y es así, que ante la visión de la violencia, ante su acontecimiento ahí presente, me encontré con mi pasado. Me encontré con el vaciamiento de sentido que viene ocurriendo desde hace un tiempo que  no sé cuál es... (no creo que haya empezado todo cuando descubrí el engaño del que vivía, esto viene de antes, quizá mi experiencia de trabajar me ayude a explicar un poco eso).
La historia, se veía allí desmantelada ante el acontecimiento de la violencia...y no quería dejarla pasar un segundo, la viví, la vivo ahora, mientras escribo, mientras surco estas palabras con horror en mi historia, en mi piel, en mi memoria.

Lo nocturno, lo único y la deshonra

sábado, 11 de mayo de 2013

La oscuridad de la noche se va disipando, se asomará el amanecer luego, pero con la noche, la idea de la deshonra torna nueva vida y aparece como una verdad ahí presente, la noche en su velo cubre cierta parte de la verdad y nos muestra su verdad propia; el pensamiento cambia de forma, se vuelve nocturno, transeúnte, retorcido, se vuelve en contra del que lo emite. Pensar contra sí mismo... decían que era el arte de Cioran y Nietzsche. Pensar lo nocturno, más que eso, es pensar desde un yo que se ausenta en el día, pero que a ciertas horas, se vuelve ineludible. No es que haya dos yo's, uno verdadero y uno falso, sino que se trata de que uno corresponde al ser nocturno y al ser de día. Ser de día no es el tema. El vivir nocturno es la forma de ser que difiere de sí misma. No se encuentra en el ser consigo mismo, se encuentra un ser que se enajena de su naturaleza, que se vuelve contra sí mismo, pero ya sin un 'sí-mismo' al que oponerse. En la noche ese yo que vive de día desaparece, el único yo al que nos referimos normalmente. De noche cada yo es otro, cuando tiritan las manos, la boca, los pies, ya sea por el frío, o en verano a pleno horror y miseria.
El dominio del propio pensar se vuelve contra uno mismo, y el pensar se vuelve nocturno, el sentir, el moverse, todo. El ser nocturno, tan distinto y distante (mucho más aun, distante que distinto) se desenvuelve en el lugar propio del silencio, del tiempo en suspenso, el tiempo que no se planifica, que no se tiene en cuenta de día, que no se debe hacer rutina. La rutina, no forma parte de la noche desesperada. Todo se vuelve anormal, cada tic tac del reloj amenaza con acuchillarte el alma y cada paso en la lejanía es un presagio de aniquilación.
Y sí, en la noche, la deshonra tiene una vivacía, una vitalidad que no puede francar de forma alguna la dulzura serena del día. Por ello es tan necesario dormir a estas horas, para poder evadir esos momentos de deshonra que se prolongan desde su emisión, hasta el volver a temblar del cuerpo en una noche de soledad y de silencio. No hay muchas formas de no estar solo de noche, quizá solo una forma de compañía... y quién no goza de ella, sufre hasta más no poder... la deshonra se vuelve su perspectiva de mundo y la soledad su estandarte teórico. Si de noche sientes odio, no puedes golpear las paredes, si sientes deseos de gritar, no puedes salir y hacerlo, si quieres extinguirte... en cualquiera de sus formas, eres bienvenido. La aniquilación que ocurre en la vida de noche, es la forma del paso del tiempo. Cada momento de noche es la aniquilación de ese momento ante el sol, ante la luz y ante el ser-de-día. Lo que vemos como existir, en definitiva, es pensado y sentido de día, ante el sol. Lo que sentimos los que vivimos de noche tambien, es otra cosa, porque es otra realidad. No es la luna o el sol, es la propiedad de la luz y la poco amigable oscuridad las que hacen la diferencia. Tiñen los sentidos a su modo esas dos situaciones. De día... De noche, lo frío, lo silencioso, lo callado, lo oculto, lo placentero, lo culpable y lo lamentable cobran una potencia magnífica. De día su realidad es más parcial, casi relativizable mediante cualquier pequeño argumento... pero de noche no: lo frío, el silencio, la soledad, lo oculto, el placer, la culpa y el lamento tienen una realidad absoluta, inenarrable, ineludible e inexorable. Porque no hay escapatoria, la noche cierra el paso a la realidad absoluta de las otras afecciones. La ontología nocturna es distinta de toda otra ontología propuesta, cosa que es difícil de expresar filosóficamente.
Comprender lo nocturno es comprender esa forma de vida que simplemente se ha tomado como una extensión de la vida de lo común, de lo rutinario. En la noche surge lo único, gracias a la soledad natural. Y pasa ahora, que en mi, lo único es la deshonra y no puedo pararla, ni narrarla, la palabra no la alcanza, pero su conciencia escrita la surca, le hace un contorno, la descubre al modo en que puede hacerlo. Descubrir el núcleo de la vivencia nocturna es la tarea de aquel que busca el descubrimiento de lo nocturno...

Atardecer

martes, 16 de abril de 2013

De pronto, luego de haberse levantado el sol y de haber experimentado su hálito con placer, suele recordarse esa plenitud antigua, perdida, vuelta vergüenza, vuelta lamento. El llanto amenaza con asomarse líquidamente sobre tu rostro, pero no, lograste por fin dormiste y despertar con angustia. Sin lamentos, pero completamente vacío, completamente atrapado en una nada, en una cápsula, como dentro de una caja. Cada voz que pudiste escuchar luego de eso, te causó dolor, te causó espanto, miedo... y tan sólo quisiste evadirlo y quitarlo, rogaste por que la vida se acabara así y sin más, pero viendo que era imposible, buscaste la forma de atenuarla, de matarla, de apagarla: abriste el notebook cerrado, no olvidaste, pero desde que ya lo abriste, no pudiste quedándote entre los lamentos y terminar siendo absorvido por tu cama. Fingiste que pudiste olvidar, pero todo lo que no he cambiado ahora me pesa más, cuando el tiempo me arrastra lentamente. Todo aquello que me reprimí de hacer, se vuelve ahora una súplica, un dolor, una emoción tan desgarradora que fluye desde el patetismo más asqueroso, hasta el odio más virulento y destructivo.
Mezclado todo eso, con el deseo inútil de querer salir de aquí, de poder escapar de este destino, siendo que es imposible; esto me pertenece, y debo amarlo tal y como es.
La vida sigue detenida, por más que pase el tiempo, no se lleva el cambio. El tiempo adquiere cada vez más violencia para arrastrar ese rastrojo detenido que llamo yo, y sigo allí. No tan sólo con un sentimiento de soledad, sino que más bien, la agonía de un abandono y el desgarrador orgullo destruido de alguien que fue traicionado y engañado... ¡Jáh!

ontologías nocturnas

viernes, 25 de enero de 2013

Vivir una dolorosa soledad, morir de tristeza y horror. Vivir sólo de noche, vivir en la prolongación infinita de la hora del lobo. Experimentar un miedo que inunda tu ser hasta lo más íntimo... y los pajaritos suenan cantando afuera. Tu luz debe ser la única prendida en todo el barrio, o al menos, la única prendida durante toda la noche en la que fracasaste. Contigo mismo, con los demás, con todo. Fracasaste. Relativamente no existes hoy, ni en esta semana, ni en la pasada. Quizá el mes anterior sí, pero ahora no. No existo, no tengo quien me perciba, quién me vea, quien me sienta, quien me quiera, quien me cuide. No. Estoy solo, sin valor alguno, sin precio alguno. Abandonado. Petrificado. Sin moverme de la cama...¿cuánto? ¡Dos semanas!
Qué asco es la vida, cuando se cae en este estado de putrefacción. Qué triste saber cuánto sublime y cuánta cosa alta hay, cuando se le ve desde este precipicio del abandono.
¿Relativamente no existo? Simplemente no existo, ni existe nadie como yo; no existimos porque sobrevivimos así, en la penumbra, en el silencio, en las teclas, en la luz, en el internet. No existimos. No salimos de día. No somos nada. No queremos. No odiamos. No hacemos. No perdemos. No ganamos. Simplemente no somos. Nada somos. Nada. Nadie detrás de un teclado existe. Nadie en un computador existe, nadie sin un libro, con un trabajo, sin inspiración y sin ver buen cine hace ya tanto...
El cine antes era la vida, la existencia, el ser. Ahora que se ha ido, no existe nada. El cine aparece cuando hay buena vida...¿o al revés? yo creo que al revés. La buena vida aparece porque hay cine; sin cine -hoy en día- no hay buena vida. No hay nada. No hay ser. No hay ente. Nada.
La vida quiere volver, llora por volver, por apartarse de este desvío. La vida no lucha mucho, pero grita a más no poder: sale, corre, deslízate, atrévete, golpea, enfurécete. Esa vida la viví y de eso morí. De vida se muere. El tiempo grita con tu vida, es imposible no escucharle: o escuchas el tiempo y lo sigues, o el te somete y te arrastra por el suelo. De todas maneras, siempre debemos ir con el tiempo. El tiempo es lo único que permanece, porque todo el resto varía.
...Ser arrastrado por el tiempo.

El Estómago

jueves, 15 de noviembre de 2012

Arden sus entrañas, cuando no puedes tolerar tu desesperación: ella se ancla a tu ser, te absorve, te domina, te tiene, ya no tienes más deseos que el de dejar de ser, disolverte en tus propias lágrimas, pensar en la vida que ya no existe. El deseo mismo, ya no tiene cabida... es sólo la levedad de una espera, que no espera tanto, ni desespera mucho. Realmente, el estado actual es sólo el de quien guarda esa bella contradicción interna y lamenta no poder desenvolverla en su realidad circundante: por más que actúe, sólo lo hace en una línea. Por más que piense, lo hago hacia todos lados. Me vuelvo contra mí mismo, me apago en mis llamas, clamo por dejar de sentir, por dejar de ser, por dejar de esperar y de sentir aun mi deshonra. En el plano de lo real, lo mejor sería jamás volver a aparecer, jamás volver a ser, jamás tener una vida que no sea la de la respiración y el habitar la nada. Una respiración sana, no este coctel entre falta de aire y respiración densa, lenta, furibunda...
Siento una furia que arde dentro de mí, y que no dejaría pasar nada vivo frente a ella... exterminaría toda vida, en una explosión de maldiciones y acciones grotescas. Las tripas de mi interior amenazan con asomarse fuera de mi piel a diario: es tal la furia que arremetería en contra de mi propia carcaza material y dejaría mi voluntad tendida sobre el piso, en forma de sangre. Nada más que la sola imagen de ese acto, lento, duro, doloroso, de destriparse vivo, me proporciona un consuelo y un placer inimaginables: cuando pienso en mi cadáver sobre una silla, la sangre sobre las paredes, mi boca abierta y una mueca de dolor horrible, pero definitivo... sí... la imagen me produce un gran consuelo, porque de esta manera le reflejaría a la vida, cómo es que debo huir de ella, porque no me ha dado lo que me merezco. Es la imagen más arrogante y orgullosa de un suicidio, es la muerte en la gloria. Como diría Séneca: "El suicidio preserva a la humanitas de la corrupción".

Debilidad y existencia

jueves, 30 de agosto de 2012



Lo que ellos llaman pasiones no es una energía anímica, es el roce entre el alma y el mundo exterior. Lo principal es que crean en sí y que estén desamparados, como niños, porque la debilidad es grande y la fuerza fútil. Cuando el hombre nace, su cuerpo es débil y ligero, cuando muere es fornido y duro. Cuando un árbol crece, es tierno y mimbreño, pero cuando su tronco está seco y rígido, se está muriendo. La dureza y la fuerza son satélites de la muerte. La flexibilidad y la debilidad expresan la lozanía de la existencia. Por eso lo que se ha endurecido no vence.

.·Andrei Tarkovski·. 

El (quizá) último grito de Béla Tarr...

miércoles, 2 de mayo de 2012

A torinói ló.

Aire

viernes, 27 de abril de 2012

Vida, que a cada paso tengo que rugir en silencio para sostenerte... no puedo respirar, no puedo ya caminar, ni soñar, ni reír con el mismo ímpetu. El aire se me va, y no sé cómo hacer que vuelva. Contenido o ausente, me atrapa su falta y me envenena su exceso... lo respiro con desesperación, como si debiera tragarme todo el aire del mundo, ¿Por qué no poder respirar es algo tan terrible? A cada instante, debes estar forzando tu continuidad en el mundo, y temes que alguna de tus faltas de aire sea la última, sí, puedes morir así, por falta de aire, sin saber respirar, sin poder ya respirar.
Angustiado, buscaba la causa material, pero me miraron con hilarancia y me la negaron... no es nada que coma, y a lo más, son los caminos que me ha faltado correr. Regresa esta ruinosa forma de vida, la de quien no respira, la de quien no puede seguir viviendo sin más, la de quien tiene que lograr encontrar un cómo para respirar.
Cada momento en el que me quedo sin aire, es un 'no' de esos viscerales y que van directamente a la vida. 'No', 'no', 'no', 'no', '¡No!'  Es un estarcarse en el 'no quiero más'. Los ojos se me vuelven brillosos, se me atasca un bostezo, no quiero nunca otra cosa que dormir, que cerrar los ojos y perderme en la cama. Sin querer volver más, ser absorvido por las sábanas, formar parte del colchón, tener la cabeza en la almohada, integrarme en la cama y no volver a salir de allí.
La única forma en la que termino diciendo 'Sí', 'sí', 'sí', 'sí', 'sí', '¡Sí!' es cuando me pierdo en mis pasos, cuando voy al trote, cuando me vuelvo un móvil, un ente que va hacia. Todos estos 'no', son prueba de tener un hasta, que quisiera encontrar en el instante desesperado de luchar por respirar. Es sólo del cuerpo, es verdad. Es sólo que no puedo respirar y también, sólo cuando recuerdo que no puedo respirar. El aire no me falta siempre, me falta cuando sé que me ha faltado el aire, cuando recuerdo que respirar no me es fácil. Me agito, me muevo, mi quietud se va, mi paciencia tambien y sólo me queda esa estúpida ansiedad. Toda ansiedad es producto de una idiotez, en mí. Siempre he ejercido una paciencia y una impasibilidad tremendas... el ser afectado, cada vez me hace sentir parte de las cosas de este mundo. En realidad, pertenezco demasiado ya al mundo, me afecta mucho el estar de determinada manera o no. Perdí ya esa ascesis que me distinguía tanto del resto. Podía estar cada momento impasible, sin afectarme, sin sentir, sin nada.
Al sumergirme en el mundo, como he experimentado las tinieblas de su infierno, he vivido también la más alta cumbre de sus cielos...la apatía que me constituye, ya ha dejado de ser y me sigo constituyendo... evoco con mi respiración, mi constante renovación de mi relación con el mundo.Mi querer-ser-cada-vez-de-nuevo. Mi agotar mis posibilidades...

Amargura

lunes, 2 de abril de 2012

0 lanza en mi costado  

Si de amargura se muriera... pero ¿¡De qué hablo!? si muero de ella todos los días.

martes, 28 de febrero de 2012

Ser un asqueroso tipo de masoquista, como si de ser crucificado todos los días en una etérea cruz solipsista de amor te haga más grande y más profundo. No. Sólo es tu tendencia horripilante a la decadencia y la flagelación completamente injustificada y entregada al azar de la locura. Corrosivamente como tomando un cáliz lleno de alquitrán y trozos de un espejo roto, perdido entre reflejos que, perdidos tambien, se cansaron de su propio reflejo. Ningún destello acallará jamás el pavor por el sentimiento de perdida, de falta y de caida. Cada vez más lleno del ungüento divino de una conmiseración misteriosa e incomprensible... el flagelante se levanta cada día y carga cruces, que, llenas de amor lo llevan a las alturas de un Gólgota donde-una vez más- podrá dejar el velo hipócrita de la cotidianeidad y se entregará a la gloria de la Muerte.
Una Muerte, cada día, esa es la vida del flagelante. En quien no pasan los días, sin esa cruz que alzar en gloria, clavarse y embutirse en su madero infernal y esperar la cantata de otros dos mil años de ateos e irreligiosos. Ni las profundidades del mar, ni la altura de las montañas logran saciar esas ansias de aniquilación que rodean al flagelante, al perdido de sus lamentos y al entregado incomprensible. En definitiva, al amante de esas coronas de espinas.

La cama

lunes, 6 de febrero de 2012

En el ocaso matutino de tu eterna agonía, encuentras el poder inquebrantable de una cama que no te quiere soltar. Sientes como el instante se disipa y sólo te queda la inanidad del estancamiento absoluto, un dejar de ser, con la mirada baja y las ansias miserables por una muerte cualquiera que te acoja en sus brazos. Donde abandonarías tus futiles deseos por lo imposible y tu mal parada imagen de fuerza y certeza que mantienes artificialmente, porque es tu mecanismo de defensa favorito. Ninguna certeza puede enfrentarse al poder absorvente de una cama y ningún pensamiento toma forma de expresión cuando estás perdido entre las sábanas. El ropaje de una cama es capaz de absorver las formas, al igual que absorve tus fétidos (otrora sensuales) olores corporales.
El modo de ser del hombre en la cama, es esencialmente la disolución. Nos disolvemos física y metafísicamente en una cama. Nos perdemos y nos mimetizamos entre la calidez ridícula de sus sábanas, o entre la ternura del estancamiento, la cama es inmune a (casi) todos los proyectos. A todos excepto los únicos que valen la pena efectuar...
Ni siquiera es una pérdida de proyecto gracias a la palabra mágica ('renuncia'). No. Es la disolución de principio, es extraño encontrar un razonamiento con la solidez suficiente para sacarte de la cama por la mañana, luego de una noche de tormentos y agonías.
Por lo general, es completamente imposible. Te quedas hasta que la agonía la lleve la cama y el sol, golpeándote con su falsa sonrisa, te impida seguir dejando de ser y te exija salir, porque está la emergencia de que pronto, ya no quede nada de ti...

Las monedas no caen de canto... aun lo intentaba y aun lo intento...

martes, 24 de enero de 2012

Cuando te dicen que eres un pro-yecto, realmente terminas siendo sólo un vástago del equilibrio... sólo una herramienta rápida y fácilmente desechable a la que ya usaron y yace sola, desprometida, producto de un desequilibrio y una ceguera.

Viaje y diferencia

domingo, 1 de enero de 2012

La distancia trae consigo el desgarrador sobrevenimiento de la transformación. El regreso no existe, nadie se baña dos veces en el mismo río. Un viaje es una transformación, el devenir de la geografía en conjunto con la distención del tiempo que la acompaña hacen que el viaje sea uno de los modos de cambio más extraños en el ser humano... Un cambio que va de la mano del tiempo... o incluso, un cambio que va a las rastras del tiempo. El tiempo es el padre del cambio en el viaje.
Un viaje se pierde en la mediación, en el hecho de que cada paso lejos de ser algo en sí mismo, es, cada vez, un medio. Hay viajes que son viajes en sí mismos, viajes que no van a parar a algún lugar en específico, sino que se pierden en su mediación... eso es cuando nos lleva el viento. Pero, cuando el viaje deja de llevarnos a un hacia y nos lleva a un inequívoco hasta, pierde la esenciación de ser un algo, sino que siempre, es un ente relativo, una diferencia.
Viaje y diferencia comparten el hecho de ser un algo, y no ser una nada. Pero ese 'algo' del viaje y de la diferencia no se confunden con ser un 'algo' ya ahí, sino que son el 'algo' de lo no-aún-ahí, son concretos en su aparecerse a la consciencia que los constituye, pero no son concretos en su estar listos allí, sabemos que el viaje termina cuando el viaje ya terminó. No sabemos nada acerca del viaje, cuando lo hayamos calculado ya a su hasta, porque en ese entonces, el viaje no es más que una mediación, un margen entre la distancia originaria, el desalejamiento que sobreviene y la distancia que debe permanecer en el ahí de nuestra ubicación.
Un viaje y una diferencia, comparten ser los padres del cambio, en su tiempo y en su espacio diferenciante, respectivamente. Viaje y diferencia se encuentran en el dominio de lo experimentado como siendo algo que no llega a ser, pero que permanece en el constante hacer-se, en el extraño desenvolvimiento de su esencia, el desocultamiento de su contenido que esconde el cambio, la imposibilidad del regreso, de la repetición, y con ello, también el advenimiento del sentimiento de lo irreparable... por ello, la nostalgia que provoca el viaje y la nostalgia que se produce con la consciencia de la diferencia consigo mismo... Diaphero autoû ... decía Heráclito...

Sun O)))

martes, 22 de noviembre de 2011

Begotten

jueves, 13 de octubre de 2011


No names,
No dialogue,
No compromises,
No exit.

Letras

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sentirse morir en la escritura...